Beisbol

José Fernandez

jhernandez

El destino tiene esas cosas imprevistas a la que no le encontramos explicación.

Por gestiones de un amigo este redactor tenía prevista con antelación una entrevista con José Fernández, para dos días después de la fecha en que se produjo su trágico deceso.

Como el actor James Dean (1931-1955) la vida del pelotero cubano de los Miami Marlins fue corta pero intensa, a tal punto de envolverlos en la leyenda, sin quizás proponérselo ambos. Los dos encontraron la muerte a la edad de 24 años, no sin antes sentar cimientos para un futuro promisorio.

Fernández, con apenas 4 temporadas en el mejor béisbol del mundo alcanzó resultados sin precedentes para un lanzador cubano en tan corto tiempo, logró el título de Novato del Año de la Liga Nacional en el 2013, fue elegido en dos ocasiones al Juego de Estrellas y de por vida tuvo excelente marca de 38 victorias y 17 derrotas, con 11, 25 ponches por nueve entradas de actuación y promedio de carreras limpias de 2,58, a pesar de que en su segunda temporada tuvo que someterse a una operación en el brazo de lanzar.

Su temperamento explosivo nos llevaba a preguntarle si no temía violar reglas no escritas del béisbol, al hacer gestos violentos al ponchar a un bateador en momentos decisivos del juego, al pegar demasiado los lanzamientos o simplemente al mantenerse desde el banco animando de forma desaforada a sus compañeros.

Porque José era toda pasión por el juego, un pura sangre, capaz de enfrentar al rival en cualquier circunstancia como si fuera el último lanzamiento de su vida, algo característico de algunos peloteros latinos que los hace divertirse de una forma diferente mientras juegan.

Serán recordados sus duelos frente a su compatriota Yasel Puig desde la caja de bateo, algo inusitado para el público anglosajón por la forma en que competían: con un beso de por medio enviado por el bateador, intercalado con endemoniados lanzamientos y swines, sellados tras un ponche o una buena conexión, con una sonrisa. Cosas que quedan entre cubanos, describían los comentaristas locales.

Sobre sus pitcheos pegados de seguro nos hubiera dicho que se pueden hacer, pero no dirigidos a la cabeza del bateador, como señaló en medio de una trifulca por esa causa en un partido contra los Bravos de Atlanta, que llegó a vaciar las bancas y que mostró lo mejor de sus cualidades humanas, al llegar a un buen diálogo de armonía con sus oponentes.

Fue ese temperamento lo que hizo que los fanáticos antes de cada apertura suya en el estadio de Miami comentaran que era: El Día de José. Como algo mágico puede catalogarse su paso por el parque de La Pequeña Habana, donde se convirtió en el primer lanzador en la era moderna en ganar sus primeras 17 decisiones como local.

Ese embrujo que pocos lanzadores han logrado como anfitrión es otra interrogante que nos quedó pendiente conocer de sus labios. En su carrera apenas cayó en 2 ocasiones jugando en casa, con 29 triunfos.

Me admiraba verlo en los partidos fundirse en abrazos y cómplices sonrisas con el legendario Barry Bond, el Rey de los Jonrones de todos los tiempos y coach de bateo del equipo floridano. Era algo así como que el cubano, natural de Santa Clara, rozaba la leyenda a la que se estaba abriendo camino. Hubiera disfrutado que me comentara sobre su vínculo con el gran bateador.

Su trascendencia para el juego fue tal que muchos abogan para se instaure el Premio José Fernández para un jugador joven que en sus primeros años en las Mayores ejemplifique como el As de los Marlins, el mejor espíritu de alegría y pasión, en su positiva relación con compañeros y fanáticos.

La vida de José Fernández, al estilo de James Dean, con su película Rebelde sin causa, fue una aventura desde su adolescencia cuando en varias ocasiones se lanzó al mar desde las costas cubanas, pero en su caso por una causa, llegar a Estados Unidos y cumplir el sueño de jugar en las Grandes Ligas, donde como sus veloces envíos logró penetrar en el corazón de todos los amantes del béisbol.

José, aunque no acudiste a nuestra entrevista, sí llegaste puntual a la cita con los mitos del deporte.