Una forma de seguir siendo latinos

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Felices Fiestas para todos, ¡Feliz Navidad vecina!, Feliz Año Nuevo, don Tito!, el día avanzaba y todos nos sentíamos embriagados de felicidad.

El lechón se comenzaba a dorar en las brasas y el vino ya se había enfriado en el agua del aljibe. A la noche había baile en aquella esquina, en la otra y también más allá. Los pesebres adornaban las casas y el nacimiento del niño Jesús se repetía en el afán de ser el más lindo, había arroyitos, palmeras, papel de roca, animalitos y la fantasía seguía creciendo impulsada por aquel nacimiento.

Que esta noche es Noche Buena y mañana llega la Navidad y nos invadía una sensación de enorme bienestar y unas ganas de ser buenos, buenos hasta la muerte. La estrella de Belén los guiaba y en el tremendo calor del desierto avanzaban buscando el rumbo Los Tres Reyes Magos, venían trayendo sus regalos al Mesías, Oro, Especias y Mirra.

Qué hermoso en Nochebuena poder regalar una sonrisa, un abrazo, invitar al vecino a tomar una copa y después de las doce salir todos juntos a dar sere­natas por el barrio. Mientras tanto los niños seguían esperando, el rumbo estaba marca­do y los camellos de Melchor, Gaspar y Baltasar tenían su balde de agua y un montoncito de pasto asegurado a los pies de la cama de cada niño esperanzado en su regalo.

¿Que sería?… lo que los Reyes pudieran, porque no venían los mismos a todas las casas, había Reyes muy pobres y otros no tanto. Del polo norte sale un trineo tirado por renos con Santa Claus y una bolsa llena de regalos.Salió adelantado y llegó a estas tierras bas­tante temprano, los niños se pueden sacar fotos con él en cualquier tienda de la ciudad, además le pueden pedir los regalos que desean. Esos regalos que se amontonan en el árbol de Navidad, que es un pino, ¿pero no eran olivos?.

Qué lejos esta Belén de Florida, qué lejos estamos de casa, tan lejos en la distancia y en el tiempo que nos hemos olvidado de todo. Ya no hay Reyes Magos, ni concurso de pesebres, la estrella de Belén no nos puede enseñar el rumbo y Don Tito y la vecina ya no se acuerdan de nosotros.

Ojalá que la noche del cinco de enero un pibe cualquiera deje sus zapatos gas­tados esperando su regalo de Reyes, para así poder seguir siendo latinos!!!